Tuesday, March 14, 2006

ACTO I

INTRODUCCION:

La escena transcurre en Bs.As., en una casa pobrísima. En la cocina se halla la madre.
Carlitos ingresa raudamente para preguntarle con cierta preocupación:

HIJO - Que le pasa al viejo?

MAGDALENA - Que querés que le pase (preocupada). Hace tiempo, desde que lo echaron del trabajo que anda como perro embichado. Va de un lado a otro, y cada cumpleaños se planta en el patio y mira para arriba como buscando no se que cosa...

HIJO - Alguna estrella...

MAGDALENA Ojalá. Pero yo se lo que busca. Hace como treinta años que quiere volver a su pueblo, a nuestro pueblo. Pero no le da el cuero.

HIJO - La plata?

MAGDALENA - No exactamente. O si. Son varias cosas. El siempre quiso volver como triunfador, y mirá como estamos...

HIJO - Si, claro (mira alrededor)

MAGDALENA - Pero para este cumpleaños le tengo preparada una sorpresa de puta madre...

HIJO - Y... no se puede saber?

MAGDALENA - Si, si, pero no me deschavés.

HIJO - Vos me conocés, vieja.

MAGDALENA - La cosa es así: buscando y rebuscando direcciones y teléfonos lo encontré al Gordo, aquel amigo de papa que se vino con el de Bigand, digo. Sabes donde queda Bigand, no?

HIJO - (bufando) Como no voy a saber si me lo ha contado mil veces el viejo. Me hablo del campo, de los trigales, de sus amigos, de la gente buena que no discrimina... Si hasta fuimos una vez, te acordás, a pasear a lo de una amiga tuya? Cuando papa compro el fitito rojo aquel, hace como veinte años...

Fuimos con la Esther, que todavía gateaba, la pobre. Si estaba contento el viejo (dice emocionado). Le brotaba la alegría por los poros, le brotaba...

MAGDALENA - Claro que me acuerdo. Fue la ultima vez que vimos a tu abuela, hijo.

HIJO - Una vieja divina que se la pasaba diciendo refranes y esas cosas que siempre dice la gente del interior.

MAGDALENA - Aja... Bueno, resulta que ... (grita contenta) No sabés la plata que tiene el gordo ese...

HIJO - Era medio escritor, no es cierto?

MAGDALENA - Si, pero después estudio periodismo, o locución, creo... y tanta fortuna amasó que hasta se hizo dueño de una radio...

HIJO - Todo un capo, el gordo. Pero nunca se acordó del viejo, eh?

MAGDALENA - Que se yo, nene... La gente cambia tanto con un peso en el bolsillo...

HIJO - Pero, entonces?

MAGDALENA - Y ... yo solamente le conté que el Mingo no esta nada bien, y que cada vez me asusta mas su estado de animo y el lo entendió. Si hasta me ofreció traerle cosas que escribió alguna vez. Hace ya mucho tiempo.

HIJO - Cuando era croto, como nosotros.

MAGDALENA - Bueno, che , si a papá le hace bien, bienvenido sea.

HIJO - Si... si... claro.(no muy convencido)

MAGDALENA - En fin... Ahora voy a poner la mesa que ya debe estar por llegar el susodicho.

HIJO - Y que vamos a comer?

MAGDALENA - La Zurda me preparo algunas empanadas y yo amase un par de pizzas. Que se yo. El también pasó hambre, después de todo. Así que...

GOLPES A LA PUERTA

HIJO - Adelante (saludos efusivos)

MAGDALENA - Gordo, te presento a mi hijo Carlitos.

GORDO - Es el único?

MAGDALENA - No, tengo dos... Un nene y una nena (avergonzada). Bueno... para las madres son siempre bebés, no?. La Esther esta casada y vive en Burzaco.

GORDO - Y vos, pibe?

MAGDALENA - (anticipándose) El vive con nosotros. Es ciclista, gordo. Mirá las copas que gano (señala con orgullo una repisa con algunos trofeos)

GORDO - Pero mirá vos, tu viejo deberá estar orgulloso...

MAGDALENA - (interrumpiendo) Escondete ahi, Gordo ,que el Mingo debe estar por llegar.

(llega Mingo y se produce un reencuentro extremadamente emotivo)

MINGO - Que pequeño el mundo, gordo!!! Mirá que venir a encontrarte de nuevo. Hace tantos años que nos fuimos del pueblo, y de pronto... (pausa emocionada) volver a verte a vos, Gordo querido... después de que anduve pateando demasiada baldosa floja. Lejos de los amigos, lejos del viejo y de la vieja, pero siempre queriendo volver, siempre pensando en la vuelta... (con voz entrecortada) pero con la vergüenza de los perdedores encima...

GORDO - Sabés una cosa, Mingo? Sabés que no recuerdo muy bien la noche en que nos vinimos del pueblo?

MINGO - Es que veces la memoria nos juega sucio, gordo. Yo solo conservo una vaga idea de zapatillas rotas y de valija flaca, con mas ilusiones que ropa. De sorber lentamente como única despedida el ruidoso concierto de los perros del corralón y el “...chaaau Miiiiingo...” nacido en la puerta del bar San Martin, y que se prolongó hasta la esquina de la plaza arrastrando la cadencia triste de aquella vieja canción que cantábamos en los asados... (entonan juntos intentando recordar la música:)

Decidí volar,
apretar el sol
con mis propias manos
para derrotar
ese gran temor
de saberme infiel
Saborear la miel
del triunfo vital
sobre mis memorias
y silbando bajo
ponerle un cepo
a mi corazón.
Decidí volar
tan solo por ver
ese mundo eterno
desde un horizonte
sin trigo ajeno
y silencio en flor
con alas de luz
perforando el aire
de los misterios.
agachando el lomo,
cambiando arado
por bandoneón.

GORDO - A mi me pasó lo mismo, pero yo salí del Santa Rosa... (grita con aire nostálgico) Cómo no acordarme de aquel viejo bar...

MINGO - Tantos personajes que a su manera amasaron las costumbres y dieron forma a los dichos y refranes mas conocidos del pueblo... Me aparece ahora la imagen del tren de la partida, el que nos trajo a la ciudad a probar suerte.

GORDO - Seguramente el mismo que me ayudó a comprobar de una vez por todas que intentar el vuelo podía ser mas bravo de lo que yo mismo creía.

MINGO - El salto al vacío, gordo.

GORDO - Y la caída negra, silenciosa, clandestina. Pero allá estaba yo con las alas desplegadas, para aprovechar el primer golpe de viento sur del día en que decidí volar, como solo vuelan los pichones guachos bajo un vendaval que agota, que presiona, que gasta.

MINGO - O sea cuando elegimos apretar el sol de las angustias con nuestras propias manos, probando derrotar ese eterno resquemor de sabernos infieles a nuestro propio pueblo, a nuestra gente ,a nuestros colores rojo, o amarillo. Te acordas...?

GORDO - Y cómo no me voy a acordar, loco, de mi viejo, comiendo apurado y antes de las doce, para llegar temprano a aquellas dos, tres y hasta cuatro vueltas de gente alrededor de la cancha para ver el fútbol de la liga, los clásicos...

MINGO - Que épocas aquellas. Presiento que todavía en el pueblo debe hablarse del Musa, de Pocito o del mismísimo negro Lugones.

GORDO - "El negro Quito"...(evoca) Si hasta yo mismo lo vi patear un penal de rabona (hace el gesto).Pero claro, yo era del otro bando, donde se lucia el petiso Larrañaga y ese genio de la redonda que era la "Juanita" Franco.

MINGO - Y el Bicho Gauna? Qué pedazo de wing!!. Hubiera hecho pasar un papelón a muchos de Boca o de River.

GORDO - Cómo olvidarse, che, del Independiente campeón de la Copa de Oro. Me acuerdo que yo era casi un pibe, y aunque mi corazón es todavía amarillo ,estuve firme al pie del cañon para no perderme la llegada del rojo, y las bocinas, y la gente llorando... Eso no se paga con nada.

MINGO - Y claro, Union de Santa Fe era un cuadro de primera y el nuestro se dio el gustazo de pintarle la cara.(ahora recita de memoria la formacion del equipo)

GORDO - Que lo parió...!!!!

MINGO - Cuántos recuerdos trae el fútbol... Te acordas aquellos tiempos en que la cancha de Sporting tenia un velódromo?

GORDO - Y aquellos campeones del '56, que jugaron como cuatro finales con Santa Teresa.

MINGO - Hasta que llego el Gol de Oro. Ahora se llama así. Que despelote hicieron ustedes los amarillos...

GORDO - Y que te parece. Fue el primer campeonato. Acá tengo una foto, mirá... (la saca del attache y lee los nombres de los jugadores)

MINGO - Mientras por esa época en el rojo brillaba nada menos que el Pocho Palacios.

GORDO - Pensar que cambiamos todo eso por las luces del centro... Que pecado, che.

MINGO - Vos lo dijiste, gordo, cambiamos todo eso cuando intentamos saborear la miel de un triunfo sobre nuestras memorias y, silbando bajo le pusimos un cepo a nuestros pobres corazones de artista. Vos lo lograste Gordo, mirá que pilchas, miráte las uñas, vos te propusiste hacerle un gol a Buenos Aires y nunca encontraste a Sambucano para que te cobre “orsai”, Gordo. Yo, en cambio, que siempre fui un poco sonador, me distraje y lo único que cuento ahora son algunos cartones ajados de cajas de aceite ,de galletitas... A propósito, el otro día encontré una de Mauri (se va y vuelve con el trofeo), cuando me dijeron que era de Bigand la guarde. Dije entre mi "tendrá algo que ver con el flaco de la panadería de la esquina?". Y me agarro la depre, che. Y el corazón me empezó a retumbar, a retumbar... Como los redoblantes de la Panambí, te acordas...

GORDO - O la Mainumbi, con no sé cuantos integrantes. Es que la nostalgia golpea y golpea el parche cada vez mas fuerte (altamente emocionado), lejos de nuestro Bigand querido. (otra vez intentan a dúo entonar su canción)

Decidí volar,
apretar el sol
con mis propias manos
para derrotar
ese gran temor
de saberme infiel
Saborear la miel
del triunfo vital
sobre mis memorias
y silbando bajo
ponerle un cepo
a mi corazón.
Decidí volar
tan solo por ver
ese mundo eterno
desde un horizonte
sin trigo ajeno
y silencio en flor
con alas de luz
perforando el aire
de los misterios.
agachando el lomo,
cambiando arado
por bandoneón.

MINGO - Pero allá estabamos nosotros, dos mocosos sin otra cosa que la rebeldía, gordo, con las alas desplegadas Y dice ella (señala a su esposa que esta cocinando), que nos fuimos nomás, con los recuerdos del naufragio a flor de piel. Como resucitando aquel extraño pensamiento de la mas tierna infancia, cuando alguien había dicho por ahí, en voz alta, que teníamos que dejar el nido.

GORDO - Que macanón nos mandamos, Mingo, que macanón...

MINGO - A vos te fue bien, no te podes quejar, pero miráme a mi. Quien podía pensar en eso por aquellos tiempos, gordo, cuando todo nuestro sueño era rajarse a la ciudad para intentar ser alguien.

GORDO - Los pobres viejos, con la mirada solamente parecían comprendernos. No les gustaba la idea, pero se callaban, se tragaban la bronca...

MINGO - Y a cada tanto les brillaban los ojitos de solo imaginar el vuelo.

MAGDALENA - Solo tu abuela, recostando su figura tierna, sufrida, contra el sillón de hamaca a dos cuartas de la cocina a leña, pretendía hacerte entender sus antiguas vivencias de viejita soñadora. Si me parece oírla...

"Pensa en tu Dios, Mingo querido -te decía-
pensa en el al persuadirte
de que estas vivo,
cuando tu simple identidad
te permita crecer derecho,
mirar a los ojos de tus iguales,
cuando veas
que la inocencia vuelve a florecer
y reinar
sobre esta clara infancia
sin cerrojos
cortejando el ocaso
o el amanecer
de tus sentimientos mas humanos,
no enturbies nunca
el rumbo de tu vida,
que cada duda
tenga su razón de existir,
ya que es de tontos ignorar
que no siempre hierve el agua
con el fuego ni todo el mar
puede apagar el sol"


FIN DEL PRIMER ACTO

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