ACTO III
MINGO - Y acá estamos, Magdalena, lejos del pueblo, sin plata y sin mas afecto que el de los pibes. Pero a pesar de los golpes, todavía con ganas de volver al pago. Si parece mentira. Después de haber soñado tantas veces con cautivar las luces del centro.
MAGDALENA - A varios siglos de aquella infancia de ilusiones simples, de preguntas raras, de angustias compartidas.
MINGO - (abrazándola) Y cada vez sintiéndome mas culpable de haberte arrastrado hasta acá, Magdalena, quitándote a vos también el alma a pellizcones. Alejándote de la barra de amigas, de los bailes de campo, del aroma de las calles recién regadas, de... (musica)
MAGDALENA - No, Mingo, no. No es cierto que nos hayamos despojado del alma. Los que se van de su lugar de origen cambian de cielo, pero no de alma. La mía esta conmigo, acá y allá, repartida, y vive en cada recuerdo grato que hoy me vino a la mente. Está en esos largos viajes con la estanciera de mi viejo a los bailes de Copacabana, en su techo de arpillera, en los carnavales de los farolitos, en cada siesta adolescente en que me asomaba a la puerta para ver la "pasadita" que me hacías ya de mocoso. Está en los primeros porrazos en la bicicleta de mi abuelo, entre la calle de tierra del boliche de Cifaldi lleno de sulkys embarrados y la esquina de Boretti, donde supe lo que era comprar mi primer vestido...
MINGO - Es que el recuerdo de la gente del pueblo, de los lugares, de los distintos perfumes, y de los chicos reos me esta haciendo mal. Es jodido estar vegetando acá, donde uno pasa horas y horas arrastrando el carrito de la miseria, subiendo y bajando callejones.
MAGDALENA - Pero ya va a pasar, Mingo, vas ver que va a pasar. Los que perdieron el alma son ellos los que olvidan su origen...
(DE REPENTE INGRESA EL HIJO BASTANTE AGITADO CON UN SOBRE EN LA MANO)
HIJO - Viejo, viejo !!! Mirá!!! Vino un alcahuete del Gordo y te dejo esto. Abrilo.
PADRE - Y que quiere ahora ese tarado, disculparse? Gordo ingrato. No. Yo lo tiro a la miércoles.
MAGDALENA - Dale Mingo, abrilo y dejáte de joder...
(tironeos varios)
MINGO - Ma si, a ver con que se aparece ahora ... (lo abre) Dos pasajes a Bigand !!! y plata. Y una tarjeta de cumpleaños !!!
(grita eufórico)
Vieron que el Gordo no era tan malo, después de todo...
MAGDALENA - Bueno. Se porto tu amigo. ¿No?.
MINGO - Amigos, esos son amigos!!! A ver si encuentro lo que había escrito yo una vez, en la pensión, cuando llegamos a la ciudad con todas las ilusiones intactas... Porque yo también alguna vez supe escribir alguna que otra pavada...
(rebusca en una caja de zapatos llena de papeles)
El verdadero amigo esta en el brillo de un sol dominguero en la plaza del pueblo, esta en el diapasón de una tosca guitarra que desafina versos tras cada primavera. El verdadero amigo existe en el contorno elíptico de plateada mojarra bajo el viejo puente de las esperanzas, donde solo apoyan las canillas chuecas de una infancia pobre. Está en el pucho compartido y en esos trece años que giran por los aires como una tacuarita de vuelo distendido. Se encuentran los amigos en cada madrugada de la loca bohemia, ante lo impredecible que se puede hallar tras el portón tramposo de un tugurio bailable, en el trago exagerado y un poco vergonzante que riega con sus vahos cada real conjunción de asado y ensalada. Los amigos encallan en ese mate amargo que nos quema los labios, en el pícaro pase que lo dejo pagando a aquel marcador de punta rubio, grandote, con cara de asesino que alguna vez te marco los tapones a la altura del muslo, te acordás? Están en el perfume grasiento de una buena fritanga de tortas sedientas de lluvia vespertina. Están en ese gesto que a fuerza de paciencia supo acomodarnos los cables cada vez que la minita de al lado nos dejaba de sena en la puerta del cine... Y en aquellas flacas bicicletas que devoraban barro por las calles de tierra, y en las aborrecidas guardias de insulsas madrugadas, donde sólo un amigo te acomoda el capote cuando te estas durmiendo. Y pensar que hay salames que saben irse al mazo a la hora de hablar de tu tema y mi tema, bravo amigo del alma. Yo los dejo, me callo. Sus propias experiencias han de haberlos marcado con resentidas mañas y no debo ser quien para poder juzgarlos. Pero cuando me abro al sereno cielo tachonado de estrellas de una noche en el campo, recreo a la distancia estampas queridas de chicle bazooka, de sincero aguante y de gomera al cuello, porque - como bien dijo alguna vez un catalán que conozco - "Dios y mi canto, saben a quien nombro tanto."
MAGDALENA - Cuanta razón tienen ustedes, los bohemios... Pero... Que le habrá pasado al Gordo... Semejante cambio de actitud...
MINGO - Creo entenderlo. El hombre debe tener algún recuerdo que no pudo asumir, algún desengaño, que se yo. Una novia que no le dio bolilla... O el recuerdo de sus viejos a los que no vio morir. No se... Pero yo sabia que el Gordo no me iba a fallar. Siempre fue de fierro, ¡¡Carajo!!. Siempre la apechugo y se merece todo lo que tiene. Por bueno, y por ser de Bigand, ¡¡¡Que tanto!!! (levanta una copa de sidra)
MAGDALENA - Ya lo creo...
MINGO - Y ahora, gracias a el volveré a meterme entre la gente conocida que deje cuando el pueblo era así de chiquito. Todos van a volver ese día para decirme presente. Como si lo estuviera viendo: Me van a invitar a comer. me van a presentar a sus esposas. Algunos -los que estudiaron- van a enseñarme sus diplomas e inflando el pecho van a presentarme con orgullo ante sus hijos diciendo "este es El Mingo, el que vive en Buenos Aires". Y yo, como quien no quiere la cosa, voy a decirles que Maradona no es tan gordo como parece. O que con el Presidente tomamos café sin azúcar, para cuidar la línea. Que no hay nada mejor que un buen desayuno en La Biela antes de comenzar las actividades... Que el Alto Palermo es...
MAGDALENA - Mingo ...(retandolo)
MINGO - ¡¡Y que!! Mis amigos me van a creer, ¡después de todo!. Para eso son mis amigos, ¡¡que joder!! (y se va saltando. Mezclando risas con llanto se retira por la puerta)
HIJO - Nunca lo vi tan contento al viejo. Ahora si mi viejo vuelve a ser ¡¡EL MINGO!!
MAGDALENA - (dirigiéndose al hijo) Es un milagro, Carlitos. Pero a mi no me podes mentir. Acordáte que soy tu madre.
HIJO - ¿Por que?
MAGDALENA - Contame la verdad. ¿Quien te dio los pasajes?
HIJO - (abrazando fuerte a la madre) Nadie, vieja. (remate final. sentido y claro) Vendí la bicicleta.
FIN

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